Ante el derrumbamiento de la ermita situada en el complejo de la Llum de Tol el concejal de Cultura y Fiestas, Ignacio Clausell, ha intentado desviar la atención y la responsabilidad hacia distintos frentes con el propósito de eludir su propia responsabilidad.
Uno de los argumentos más fraudulentos y falsos de los que hace uso el concejal es la clasificación del suelo como No Urbanizable de Protección Medio-ambiental. Sin acabar de decidirse a maltratar la figura porque de hecho ha sido la única calificación que ha protegido el entorno del Millars de los impactos ecológicos hasta que éste fue calificado como Paisaje Protegido pero sí que ha tenido la osadía de manifestar que todas aquellas construcciones que se encontraban en este tipo de suelo estaban condenadas a la ruina más absoluta dado que no se podía ejercer en ellas ningún tipo de mantenimiento.
O mentía o ignoraba.
Cualquier construcción en cualquier fuera de ordenación tiene derecho a realizar las obras necesarias de mantenimiento, pero lo espurio del argumento adquiere relieve cuando se da la coincidencia que el ermitorio de la Mare de Déu de Gràcia se encuentra en el mismo tipo de suelo No Urbanizable de Protección Medio-ambiental.
Además y tras la osadía de esconderse detrás del binomio privado-público aseveró que los poderes públicos no pueden penetrar en el ámbito privado. De nuevo mentía o ignoraba porque por esa regla de tres el ni el Ayuntamiento ni ninguna administración pública podrían expropiar, recalificar o catalogar cualquier propiedad que no fuera de todos.
Y sí que pueden. Cuando en el sector privado existen peculiaridades que son de interés general la administración pública puede intervenir de todas esas formas. De hecho en muchas leyes y un ejemplo es la LUV actual obligan a los poderes públicos a realizar inspecciones de aquellos bienes privados de interés general bien por estar en un catálogo histórico-artístico o por estar incluidos en alguna otra figura urbanística de protección. La muralla del origen de Vila-real está protegida y muchos lienzos están dentro de propiedades privadas. Y ello no es óbice para excusarse en que éstos no pueden protegerse. Igual que la cúpula de la Arciprestal. Sería una aberración. Una aberración que con ese argumento Defiende Ignacio Clausell.
El último argumento es de traca. El concejal asume por unos segundos el papel de geólogo y denuncia un corrimiento de tierras. Este libreto causa una hilaridad instantánea pero cuando se visita el lugar y se razona solo se llega a una conclusión: que miente o ignora.
En su imposible defensa y desesperación trata de atacar a la oposición con cartuchos de fogueo aludiendo al derribo del inmueble de Conde Albay. Un inmueble que tenía la protección de la fachada, que ésta se tenía que reproducir de una forma fidedigna de acuerdo con la original en un ejercicio similar a lo que se ha realizado con el almacén de Cabrera y que obtuvo su licencia en junio de 1995 con los informes técnicos y jurídicos favorables pero con una condición: que se realizaran moldes de la fachada para después reproducirla de una forma fidedigna. Unos días después, el 12 de junio de 1995 tomó posesión de la alcaldía Manuel Vilanova a quién le tendría que preguntar sobre el mencionado asunto. Puede que lo ignore o puede que mienta.
Ignacio Clausell se ha convertido en el bandolero de la política local engañando sin espcrúpulos a aquel que se le ponga por delante sin hacer distinción de edad, religión o sexo. No hace ni unos días que una señora mayor de la calle Sant Antoni nos decía desolada que para conseguir que el recinto del "Bou per la Vila" no alterase su recorrido, el Sr. Concejal Ignacio Clausell les había dicho que necesitaban dos millones de firmas.
Suponemos que o ignoraba el procedimiento o mentía.
Si mentía a los ciudadanos a sabiendas que lo hacía Clausell debería dimitir de una forma inmediata pues no se pueden admitir rufianes de este tipo que solo hacen que desprestigiar la política.
Si ignoraba todos los asuntos de los que hacía bandera el Sr. Alcalde debería cesarlo inmediatamente.
Afortunadamente la política local es la más cercana al ciudadano y además de la imagen mediática se tiene un conocimiento más próximo de la persona. Se conoce al timador por los timos pero también por timador y por todo ello si Ignacio Clausell aún conserva alguna gota de dignidad debería de dimitir porque en política no todo está permitido.
divendres, abril 07, 2006
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